Barbarie y civilización. Orígenes y evolución.

diciembre 22, 2015 Escrito por: Tablilla De Cera - No hay comentarios

¿Cual es la primera imagen que se nos viene a la mente al pensar en un bárbaro? seguramente la imagen sea la del tipo de persona que no querríamos tener en nuestro entorno social. Es posible que la imagen nos venga a través de las películas sobre romanos de mediados de siglo XX o del prototipo por excelencia del cine sobre bárbaros, la figura de Conan el Bárbaro. Puede ser que la referencia sea la de una persona que comete actos en contra de todo lo que entendemos que es racional y moralmente aceptable, es posible que esta referencia nos lleve a pensar en un terrorista o en los países del Oriente próximo. La imagen también nos vendrá dada por una persona de escaso nivel cultural, escasa educación en su comportamiento social, quizás una persona de considerable estatura y constitución. La R.A.E. nos confirma esta idea en cuatro de sus siete acepciones y nos señala a un bárbaro como “fiero y cruel”, “arrojado y temerario”, “inculto, grosero, tosco”, “grande, excesivo y extraordinario”. Además, en sus dos primeras acepciones nos encuadra a un bárbaro como perteneciente “a cualquiera de los pueblos que desde el siglo V invadieron el Imperio romano”.

Conan el bárbaro. Por Jhon Buscema

La imagen es clara pero, ¿cual es el origen y su evolución?, ¿qué percepción tenemos en la actualidad?

La primera mención que tenemos que hacer es necesariamente griega. El término “bárbaro” (βάρβαρος) alude directamente a la forma de hablar de los habitantes de la frontera norte del mundo griego (en ningún caso aludiremos a un órgano estatal unificado, “mundo griego” o “cultura griega” es más apropiado). Para los comerciantes, militares o diplomáticos de las póleis griegas que tenían algún tipo de trato con las tribus tracias, ilirias y macedonias entre otras (no olvidemos que los macedonios son considerados bárbaros incluso en época de Filipo II y Alejandro Magno, aunque aquí ya con un uso político por sus detractores), su lengua sonaba como una especie de balbuceo incoherente dando lugar a la onomatopeya bar-bar-bar. Este lenguaje tan extraño para un griego unido a unas formas de vida social y una estructura política de clanes terminó dando lugar a la palabra bárbaro para designar a este tipo de pueblos. Es importante señalar que no hablamos de extranjeros ni de otros pueblos como los persas, fenicios o egipcios, con los que Grecia tenía contactos. En este caso nos referimos primeramente a las tribus del norte del mundo griego y posteriormente a los habitantes del entorno del Mar Negro, Balcanes y más adelante a las tribus itálicas con las que entran en contacto (samnitas, mesapios, lucanos, sicanos, brucios…), así como a los libios y algún otro pueblo de carácter tribal. El bárbaro es, por definición, una persona no civilizada, con unos valores morales y culturales distintos a los griegos (lo que incluía generalmente la ausencia de escritura), con un nivel político de carácter tribal y belicoso y una ausencia de la grandiosidad de las construcciones griegas.

Por tanto los persas, fenicios y egipcios, no podían ser considerados bárbaros al tener un nivel de civilización similar o incluso superior al griego. Lejos de tópicos cinéfilos, los ejércitos de Jerjes no se diferenciaban demasiado de los griegos. Los bárbaros tampoco eran extranjeros. Podían ser extranjeros si se daba el caso pero no es un símil. La palabra griega para extranjero es meteco (μέτοικος), la raíz μέτα alude al verbo “cambiar” mientras que oἶκος es “casa”, por tanto el extranjero es aquel que “cambia de domicilio”, es aquella persona que había nacido en, por ejemplo, Megara o Samos, pero que vivía en Atenas o Mileto. Este hecho significaba que tenía unas cargas fiscales extras a las de un ciudadano y carecía de derecho a voto, propiedad de la tierra o de inmueble (salvo concesiones).

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Dacios (reconocibles por su característica espada “falx”) contra los legionarios de Trajano. Por Peter Connolly

La palabra es adoptada por Roma sin muchos cambios (de “barbaroi” a “barbarus”) y las connotaciones son similares. Todo aquel que no pertenecía al mundo romano era bárbaro, aunque ya no sólo servía para designar al diferente sino que podía llegar a ser un arma diplomática: Cartago, a pesar de que su estructura política y social era muy similar la romana y su cultura era puramente helenística, llegó a representar la barbarie. El “Anibal ad portas” (Anibal está a las puertas [de Roma]) llegó a convertirse en la frase que las madres romanas decían a sus hijos para asustarles y que se portasen bien (de forma parecía a como usamos nosotros al “coco”). Por contra, el mundo griego, a pesar de ser conquistado por las armas tras varias guerras y a pesar de que ciudades como Corinto fuesen arrasadas, nunca fue considerado como bárbaro.

Pero en Roma no todo el mundo era romano. El concepto de ciudadano fue muy exclusivo hasta Caracalla, no todo el mundo dentro de las fronteras romanas vivía bajo la forma de vida “civilizada”, de hecho durante la república la mayoría continuaba viviendo según sus valores culturales ya fuesen bárbaros o helenísticos (el helenismo se había convertido en sinónimo de civilización en el ámbito mediterráneo, todas las potencias mediterráneas desde el Indo al Atlántico tenían unos valores helenísticos o como en el caso de Roma, los terminarían teniendo). Se diferenciaba por tanto, entre ciudadanos romanos, ciudadanos latinos y peregrinos (ya hablamos de ello hace unos meses en “Descifrando epígrafes romanos I”), estos últimos representaban los restos de la vida bárbara dentro de las fronteras romanas pero en esencia ya no eran bárbaros. Vespasiano acabaría otorgando el ius latii (la concesión de latinidad, no la ciudadanía romana) a todas estas comunidades peregrinas dentro de las fronteras romanas.

La diferencia entre civilización y barbarie alcanza su culmen a partir del siglo IV d.C. con las masivas oleadas de los llamados pueblos bárbaros. Estas oleadas han sido interpretadas desde los propios autores contemporáneos hasta nuestros días como invasiones pero más bien deberíamos de entender el fenómeno como migraciones de comunidades enteras que llegan las las fronteras de Roma empujadas por otros pueblos que  generalmente también acabarán llegando. Estas comunidades penetran en territorio romano y terminan adueñándose de los terrenos que antes pertenecían a Roma. En contra de lo que se piensa los enfrentamientos entre el Imperio y los Bárbaros, aunque llamativos, no determinaron del todo la posesión de la tierra en manos bárbaras. En su lugar deberíamos referirnos a los llamados “foedus”, tratados de asentamiento que permiten a estos pueblos quedarse a cambio de aportación militar. Estos foedus se practicaron de forma normalizada en el imperio romano de occidente, mientras que desde la corte bizantina se practicaba el pago a estos pueblos para que se quedasen en la frontera (a modo de Estados tapón frente otros pueblos) o marchasen hacia occidente.

Antes de avanzar en el tiempo, debemos señalar que la idea del bárbaro para Roma no era sólo la del germano rubio de dos metros o el ejemplo citado respecto a los cartagineses. Los bárbaros podían llegar desde otras partes; así por ejemplo, los pueblos bereber que se movían desde las fronteras de Egipto hasta las islas Canarias eran llamados amazighen (amazigh en singular) por ellos mismos. Bereber es la adaptación árabe (“barbr”) del vocablo romano barbarus.

Francos, visigodos, suevos, lombardos, burgundios, eslavos… son unos pocos de los numerosos pueblos que surgen de estas migraciones y poco a poco van asentándose y tomando su lugar en el mundo conocido. Así por ejemplo, los Francos pasan de ser un pueblo nómada a asentarse firmemente en Francia y parte de Alemania y formar una poderosa potencia europea en manos de Carlomagno, que adaptará el ideal romano al derecho germánico y se rodeará de eruditos como Alcuino de York que postula el reinado de su soberano como una nueva Roma.

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Expansionismo vikingo .Vía: wikipedia.org

Nuevos bárbaros amenazarán la nueva civilización, ahora representada por antiguos bárbaros. “Peste, fame et bello, liberanos, Domine; Et furore Normandorum, liberanos, Domine”, será la plegaria elevada al Señor desde las iglesias pidiendo ser librados no sólo de la peste, el hambre y la guerra, sino además del terror (“furore”, furor, violencia) que suponen los Normandos, los hombres del Norte que nosotros conocemos comúnmente como Vikingos y como el ejemplo de bárbaro saqueador de iglesias y de ciudades. La historiografía actual sobre los Vikingos trata de rechazar esta idea cuadriculada y nos presenta una serie de pueblos del norte en busca de tierras de cultivo (al igual que sus predecesores germanos) y con un comercio activo que se daría especialmente en el Báltico penetrando hacia centroeuropa y que llegaría hasta el Mar negro. Estos Normandos acabarían asentándose con éxito, ya fuese por medio de la violencia o por tratados (probablemente la mezcla de ambos) por la fachada Atlántica, dando lugar a la normandía francesa, y llegando a tocar firmemente el mediterráneo asentándose en Sicilia creando el reino siculo-normando, (donde un siglo después nacería Federico II Hohenstaufen, nieto de Federico I “Barbarroja”) y amenazando así las costas griegas y norafricanas, dando lugar al término de Machus (“adorador del fuego”) nombre por el que eran conocidos y temidos entre los árabes.

Por el este llegó otro tipo de bárbaros que amenazaron y pusieron en jaque el otro gran punto de civilización mediterráneo: Los mongoles. El califato Abasida de Bagdad, las dinastías mamelucas de Egipto, la orden de los nizaríes (popularmente conocidos como Hashashin) y los estados cruzados vieron seriamente amenazado su dominio en el próximo oriente, los nizaríes fueron eliminados del tablero político tras la caída de su bastión de Alamut (algo que el resto de potencias musulmanas no lamentaron) pero la prematura muerte del Gran Kan Möngke y la posterior derrota del general Kitbuga frente a los mongoles de Baibars en la batalla de Ain Yalut frenaron las aspiraciones mongolas sobre el mediterráneo.

Se produce un ligero cambio de mentalidad después de 1492. Ahora será el mundo civilizado el que invada al nuevo bárbaro, que aunque practique ritos chocantes y desagradables a ojos de los conquistadores, desde muy pronto se trata de alejar la idea del bárbaro violento invasor representado por los germanos, vikingos o mongoles, por el del bárbaro ingenuo al que hay que llevar la civilización. Así lo expresaba Fray Ginés de Sepúlveda:

“Con perfecto derecho los españoles ejercen su dominio sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio y todo género de virtudes y humanos sentimientos son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos, las mujeres a los varones, como gentes crueles e inhumanos a muy mansos, exageradamente intemperantes a continentes y moderados, finalmente, estoy por decir cuanto los monos a los hombres” (De rebus hispanorum gestis ad Novum Orbem Mexicumque; Fray Ginés de Sepúlveda)

Detalle de La defensa de Rorke’s Drift (Alphonse de Neuville,1879). Enfrentamiento entre tropas zulúes e inglesas.

Es justo en esta fase de la historia cuando podemos hacer un inciso para observar la visión de los propios bárbaros: “Popoluca” es la palabra náhuatl (hablado en el área mesoamericana) para designar al bárbaro. La etimología es similar porque también alude al bla-bla-bla (o “pol-pol-pol” en este caso), el balbuceo de aquellos pueblos considerados inferiores por los mexicas.

Por último, similar concepción a la de los conquistadores del Nuevo Mundo tendremos durante el proceso colonizador del África y Asia a finales del XIX. La justificación de la evangelización y de llevar la civilización acabará creando el concepto de raza a la par que en Europa, los estados modernos crean el nacionalismo (véase: “Nacionalismos y su relación con la Historia” en el artículo de septiembre).

Serán los últimos bárbaros de la Historia hasta nuestros días, cuando la concepción del bárbaro se ve alterada (y quizás vuelve a la del invasor violento) y las circunstancias obligan a su revisión. El terrorismo, ya sea desde dentro del Estado por grupos nacionalistas o intentos golpistas, o desde fuera mediante el choque de civilizaciones (grupos extremistas religiosos, principalmente), quizás sea la nueva imagen de la barbarie.

Para reflexionar:

  1. ¿Es el terrorismo la nueva barbarie?
  2. ¿Qué implica ser una cultura civilizada?. ¿Qué elementos la definen?. ¿Y una cultura bárbara?
  3. Desde nuestra visión actual: ¿Es una cultura civilizada superior a otra o se trata de una visión subjetiva?.
  4. ¿Hasta que punto nos afectan estos conceptos en nuestra visión actual del mundo?
  5. ¿Cual sería la visión desde el punto de vista bárbaro?, ¿qué te sugiere el ejemplo de los mexicas y su “popoluca”?
  6. ¿Qué idea tenemos de los macedonios de Alejandro Magno?, ¿y sobre los cartagineses de Anibal?. ¿Coincide nuestra visión con la que tenían griegos y romanos respectivamente?
  7. ¿Qué sabemos sobre las dinastías vikingas (Normandía francesa y Sicilia) en Europa?, ¿y sobre la presencia de los mongoles en Europa y Próximo oriente?

 

Para saber más:

  • Riutort Riutort, M. Los Vikingos: De héroes y piratas a mercaderes y comerciantes. El viaje en la literatura occidental, 2004. pags. 35-60
  • Hans-Joachim König. ¿Bárbaro o símbolo de la libertad? ¿Menor de edad o ciudadano? Imagen del indio y política indigenista en Hispanoamérica. El indio como sujeto y objeto de la historia lationoamericana : pasado y presente / coord. por Hans-Joachim König, 1998.
  • Jones, T. Ereira, A. Roma y los bárbaros: una historia alternativa. Ed. critica 2008.