Conflictos de frontera. La huella del Colonialismo del siglo XIX

diciembre 1, 2017 Escrito por: Tablilla De Cera - No hay comentarios

Una frontera es una división entre dos partes del territorio. Puede referirse al ámbito cultural (se entiende que existen dos culturas diferentes a cada lado), puede referirse al ámbito geográfico (un río, una cordillera que separa dos territorios) o puede ser un concepto político y administrativo que sirve para separar dos entes territoriales mediante una división fronteriza clara y ajustada a las condiciones de la región. Con esta última acepción nos vamos a quedar para el artículo de este mes. Nuestra intención es entender cómo y por qué surgen los conflictos de frontera. Nos preguntaremos si las fronteras, que entendemos que están basadas en componentes culturales, geográficos y sociales, realmente funcionan como divisiones claras y aceptadas por todos y si realmente marcan una realidad definida. Aunque contamos con muchos ejemplos históricos, vamos a centrarnos en el colonialismo europeo del siglo XIX, ya que nos servirá para entender muchos de los conflictos actuales.

Las fronteras son lugares con varias peculiaridades:
Por un lado se intenta buscar el apoyo de la geografía física para trazar esta delimitación. Las cordilleras, los ríos o las extensiones de terreno inhóspito (como un desierto o un pantano) suelen ser lugares de frontera de forma natural ya que la conexión entre los poblamientos de uno u otro lado suele ser nula o muy esporádica, marcando así características sociales propias a cada lado del accidente geográfico. Esto supone que la comunidad humana que está al otro lado de la cordillera y de la que se tiene vagas noticias, sea vista como extraña o diferente y a partir de ahí, como extranjero, opuesto, rival, bárbaro y otros sinónimos del estilo. Esta situación llevará, en el siglo XIX a las bases teóricas del nacionalismo como ya vimos en La Tablilla de cera: Nacionalismo y su relación con la Historia.

Por otro lado, la frontera se entiende como una zona de conflicto. Bajo la idea de que el que está al otro lado de la frontera es diferente y por tanto opuesto a la cultura propia y las normas sociales de la comunidad, “el del otro lado” se convierte en enemigo y la frontera marca el punto de contacto y conflicto con el enemigo. Es el lugar por donde se ataca invadiendo o se defiende de la invasión y, en ocasiones, un tercero en discordia penetra por la región de nuestro opuesto y avanza hacia nuestra propia frontera al no ser frenado con éxito. Así, la zona de frontera -una amplia franja a ambos lados de la frontera- se convierte en un territorio peligroso, a veces azotado por los ataques enemigos, las enfermedades propias de las zonas de guerra y la hambruna propiciada por el robo o destrucción de los cultivos y la ganadería. Una zona en permanente tensión y dependiente de lo que se decida en los centros de gobierno, ya en el interior del territorio, en zona segura.

Aun así, la frontera también es un lugar de intercambio, tanto comercial, como de ideas, social o religioso. La frontera es permeable por mucho que se intente evitar el contacto entre grupos humanos o por mucho que ambos grupos tengan unas relaciones de enemistad claras. Ambos opuestos de uno y otro lado se benefician de estos contactos adquiriendo lo que es útil -ya sea material o ideológico de una u otra parte -aunque pueda no ser útil para la región a la que pertenecen. Así, la situación en la frontera es compleja y sus moradores adquieren unas características propias que les diferencian sutilmente de su región de pertenencia y marcan su estilo de vida, que oscila entre el enfrentamiento con el vecino y los contactos comerciales o de ideas.

Visto esto, el contexto histórico en el que nos vamos a mover, el colonialismo europeo del siglo XIX, se enmarca dentro de un proceso de cambio en las ideas de expansión territorial de los nuevos Estados que van surgiendo y dominando la Europa de este siglo. La comunidad Europea, una vieja idea que podríamos remontar hasta el mito de Zeus y Europa, al pasar de Estados absolutistas donde el poder reside en la persona del rey y el territorio estatal es propiedad del mismo, a Estados de base democrática -monárquicos o republicanos- y a una configuración de una zona cultural y económica común que se plasmará tras las guerras mundiales en la creación de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA, 1953), el origen de la Unión Europea, supone la idea de que la expansión territorial ya no debe llevarse a cabo a costa de arrebatar tierra a los vecinos, sino que debe retomarse la idea del colonialismo (aplicado en la antigüedad por los griegos o los fenicios y durante la Edad Moderna por Reinos europeos tales como Castilla o Portugal). Así, las potencias europeas se lanzan a una carrera por dominar los recursos y los territorios de la mayoría de África y parte de Asia bajo una idea de superioridad eurocéntrica frente a las tribus y Estados menores de estas regiones.

Aunque ya se venía explorando el continente africano y controlando algunas zonas desde el siglo XVI y especialmente a comienzos del XIX, es entorno a 1880 cuando la presencia europea en el continente se hace más patente y directa. Fruto de los cambios que se producen con la segunda revolución industrial y las nuevas formas de comercio internacional que supone una mayor intervención de los Estados en el comercio internacional y un avance tecnológico industrial basado en las nuevas formas de combustible (gas, petroleo, electricidad), las nuevas formas de transporte (fundamentalmente el ferrocarril, cuya red se extenderá de forma vertiginosa) y así mismo las nuevas formas de comunicación (la radio y el teléfono), Europa buscará nuevas fuentes de recursos y nuevos mercados, así como un nuevo mapa geoestratégico que sirviese a estas nuevas rutas comerciales.

Carta general de África 1989. Naranja = Dominio español. Amarillo = D. británico. Verde = D. alemán. Morado = D. portugués. Rojo = D. francés.

Hacia 1884, la presencia europea en África se hacia patente en varias zonas: Francia controlaba Argelia y Túnez, la primera bajo control francés desde la progresiva anexión con Luis Felipe I y Napoleón III, Túnez debido a las desastrosas políticas económicas de los regentes, que llevaron al país -a pesar de estar bajo control nominal de los otomanos- a la bancarrota y al control efectivo por parte de sus acreedores (Francia, Gran Bretaña e Italia). Además acababa de tomar posesión del Congo Occidental y Guinea. Bélgica había aprovechado las expediciones de exploración en el interior del continente para que su regente, Leopoldo II, tomase posesión de la cuenca del Congo, junto al territorio dominado por los franceses y con gran preocupación por parte de Portugueses, que llevaban siglos con sus colonias en la costa atlántica de África, y los ingleses que tras tomar Egipto de forma similar al caso de Túnez, extendieron su dominio por el lado oriental (Sudan y Somalia), con vistas a continuar hasta Sudáfrica. Mientras tanto, en el lado occidental, la rápida expansión de Alemania ocupando zonas de Camerún, Namibia y otras zonas, terminaba de completar el complicado tablero de ajedrez en que se convertía el territorio africano. Así, en 1884 y 1886, la Conferencia de Berlín, a la que acuden tanto las citadas potencias colonialistas, como otros Estados europeos que, junto a Estados Unidos, también querían tener oportunidades, regulariza mediante tratados diplomáticos internacionales, el reparto Africano, tanto del territorio ya controlado como el que aun quedaba por controlar (podríamos hacer un símil histórico citando el Tratado de Tordesillas en 1494 entre Castilla y Portugal por el control de América del Sur).

Con la llegada de la I Guerra Mundial en 1914 nos encontramos con un 60% del territorio africano ocupado por las potencias europeas. Los principales beneficiados serán Gran Bretaña con un 30% de la superficie, Francia con un 15% y Alemania con un 9%. Esta presencia podemos observarla detenidamente en el siguiente mapa:

A la par que se colonizaba África en el extremo oriental de Asia sucedía un proceso similar: Partiendo de las colonias  que existían desde el siglo XVI, a mediados del siglo XIX se produce el control efectivo del territorio. Gran Bretaña ejercía el control de la India mediante la Compañía de las Indias Orientales desde un siglo atrás, pero los conflictos sociales encabezados por la rebelión de los cipayos (soldados indios en el ejército británico de la Compañía), debido a la imposición de determinados aspectos culturales por el ideal civilizador de los Estados europeos de la época y la explotación intensiva de los recursos de la colonia para enviarlos a la metrópoli, hacen caer esta organización y el territorio Indio, así como el resto de colonias (tanto en Asia como en otras partes), pasa a ser controlado de facto por un Virrey. Francia por su parte, entraría desde Asia Suroriental (Indochina, Laos…) y penetraría en China desde esa zona tras el Tratado de Nanquín de 1842, que ponía fina la Guerra del Opio entre China y Gran Bretaña. Esta última adquirió entonces Hong Kong y otros tantos puertos mientras que Rusia y Japón también explotaban la debilidad China por sus diferentes fronteras. En menor medida, Portugal, cuyo dominio sobre Timor se remontaba siglos atrás, junto con Alemania, Holanda y la toma de Filipinas de Estados Unidos tras su guerra contra España completaban el mapa colonial asiático.

Colonización asiática.

¿Qué ocurría en el extremo occidental asiático? en el Próximo Oriente la colonización estuvo marcada por la disolución del Imperio Otomano. Ya hemos visto como en el norte africano, los Estados bajo órbita de los otomanos pasaban a depender de países como Francia o Gran Bretaña a mediados de siglo. No obstante, el Próximo Oriente otomano aguantaría, bajo numerosas presiones internas y con una intervención económica extranjera fruto de los créditos concedidos, hasta el fin de la Gran Guerra, cuando su posicionamiento en el bando perdedor le llevaría al Armisticio de Mudros (30 de octubre de 1918) y al Tratado de Sèvres (10 de Agosto de 1920), que significaban la disolución del imperio -a excepción de lo que hoy es Turquía- y la división del Próximo Oriente bajo control de Francia y Gran Bretaña.

Disgregación del imperio otomano e injerencia anglo-francesa.

Esta es a grandes rasgos la situación en la que nos encontramos en el periodo de colonización. A partir de este punto no queremos entrar en el análisis de la descolonización sino analizar los problemas surgidos tras la descolonización prestando atención a las fronteras. Si tomamos como referencia un mapa político actual y comparamos las fronteras de África con la mayoría de fronteras de otros continentes, podemos observar un fenómeno curioso: las fronteras africanas son rectilíneas, la separación entre los diferentes Estados obedece a un trazado lineal de un punto a otro encontrándonos con que muchos países no tienen formas irregulares como sucede habitualmente sino que estamos ante países practicamente cuadrangulares, casi encajando unos con otros como piezas de un puzzle.

Geografía de África,

¿Cual es el problema que planteamos? Las fronteras africanas no responden a un trazado geográfico como comentamos en la introducción. Los grandes desiertos y las densas zonas boscosas impiden una delimitación basada en el componente geográfico.  Los grandes accidentes geográficos o bien son demasiado extensos como para trazar una única frontera (el río Nilo) o se concentran en puntos concretos (cordillera del Atlas, macizo de Etiopía, lago Victoria). Esto no significa que no existiesen fronteras previas a la llegada de los colonos europeos sino que las metrópolis europeas crearán la configuración geopolítica, basándose en los datos conseguidos por los expedicionarios europeos (Livinsgtone, Stanley, Clapperton, Bruce, Caillie…) obviando el mapa político anterior. Esto supuso en muchos casos la unión de grupos rivales en una misma región, la partición del territorio de un grupo étnico en varias diversas regiones bajo dominio de varios Estados europeos. Así, por ejemplo, el mapa etnológico de Kenia nos enseña más de 40 grupos étnicos diferentes, algunos cortados por la frontera entre Kenia y los países vecinos (Uganda o Somalia por ejemplo). Además, los procesos de descolonización tras el periodo de Guerras Mundiales, presentan una situación caótica o muy caótica por parte de la metrópoli; en algunos casos las colonias se abandonan: Bélgica retiró de golpe todo el funcionariado, cuerpo técnico y ejército del Congo Belga (en manos de belgas europeos), dejando el nuevo Estado sumido en el caos sin una organización estatal. Otra retirada significativa es la de España en el Sahara Occidental, que en virtud de los Acuerdos de Madrid del 14 de Noviembre de 1975, la administración de la colonia quedaba gobernada de gorma alterna por Marruecos, Mauritania y España. De facto y con el paso de los años, el gobierno del Sahara ha quedado en manos marroquíes frente a la no intervención oficial de los gobiernos españoles que han permitido el dominio total del Sahara Occidental a cambio de diversos acuerdos aun secretos de los que apenas conocemos una parte dedicada a la pesca de barcos españoles en la zona. Esta situación en perjuicio de las etnias saharauis sometidas al gobierno de Marruecos y a pesar del no reconocimiento internacional de los Acuerdos de Madrid y de las fuertes reivindicaciones nacionalistas del Frente Polisario, se mantiene en un status quo permanente en el que nadie, en el panorama internacional, quiere intervenir.

Pero aun sin este abandono radical, el proceso de descolonización en colonias donde la retirada de la metrópoli fue más organizada también supuso problemas que siguen lastrando estos nuevos países. El caso más actual es el de Zimbaue, donde también nos encontramos una variedad étnica de más de 10 grupos diferenciados; no obstante estamos ante uno de los países más europeizados aunque pervivan grupos como los Shona que siguen conservando tradiciones tribales. En Zimbaue la descolonización se realizó mediante referendum promovido por la minoría colonizadora en 1969, pero las tensiones entre los antiguos colonos que copaban todas las funciones del Estado y la población autóctona, mayoritaria y relegada, llevaron en 1980 a ceder el poder mediante elecciones a Robert Mugabe, dirigente del ZANU y con el apoyo de las guerrillas del Frente Patriótico de Nkomo, recientemente obligado a dimitir tras un golpe de estado. Pese a las importantes reformas educativas y agrarias llevadas a cabo por Mugabe, las tensiones sociales violentas -en ocasiones ejercidas desde el gobierno- contra los antiguos colonos, la difícil situación por el embargo internacional y las dificultades para pagar a los acreedores, han impedido una estabilidad clara en Zimbaue.
Debemos tener en cuenta esta mención a los acreedores dentro de los problemas económicos de los Estados descolonizados: Al carecer de una organización estatal propia y al depender de la metrópoli, las colonias que adquieren su independencia mediante una forma u otra, parten en la mayoría de los casos conociendo la teoría por su experiencia con los colonos, aunque debemos tener en cuenta que en numerosos casos se pasa en pocas décadas de una sociedad tribal a una sociedad con los organismos democráticos propios de comienzos del siglo XX occidental. No parten sin embargo con la práctica, con la estructura de Estado, ya que esta estructura pertenece a la metrópoli y el funcionariado es colonial. Además, sea partiendo desde cero como en el Congo Belga o en los casos menos traumáticos como Rodesia del Norte (actual Zambia) y aun con la ayuda de asesores soviéticos (especialmente) y estadounidenses (en menor medida durante la primera fase de descolonización) para alinear estos nuevos países en el marco de la Guerra Fría, la vieja dependencia de la metrópoli hace que sea necesaria la adquisición de créditos internacionales para levantar el país con un dinero y un mercado de recursos y bienes que no poseen o cuyas estructuras deben amoldarse a la nueva situación. El endeudamiento por medio de créditos, normalmente solicitados a la vieja metrópoli y unos gobiernos inestables basados en unas fronteras difusas y étnicamente complicadas, marcarán décadas de conflictos internos y fronterizos en una situación que llega a nuestros días.

En el Oriente Medio asiático la situación viene marcada en primer lugar por el Sudeste asiático (Indonesia, Laos, Vietnam, Tailandia…), donde en una complicada geografía marcada por grandes y pequeñas islas, cordilleras y ríos se apelotonan once países con una multiplicidad étnica y religiosa mucho mayor. Además de su posición estratégica entre potencias como Japón y China, la formación de los estados quedará marcada por la injerencia de los bandos de la Guerra Fría, cuyo caso más destacado es el de Vietnam, antigua colonia francesa, donde la separación previa en virtud de la Conferencia de Ginebra en 1954 entre Vietman del Norte (bajo órbita soviética) y Vietnam del Sur (estadounidense) termina en una sangrienta guerra al negarse los sureños a la unificación. Las consecuencias serán la reunificación en manos del Vietnam comunista y el trauma moral y político para Estados Unidos, que supondrá el nacimiento de todo un movimiento social y cultural ampliamente tratado en cine y música de la época. En esta zona de Asia, las luchas políticas entre los núcleos occidentales-capitalistas y los regímenes de corte comunista y las luchas religiosas entre diferentes ramas musulmanas e hindúes, mezcladas con las tradiciones indígenas y minorías como la cristiana, marcan unos estados inestables donde la presencia e importancia del ejército se hace patente en las estructuras de gobierno.

El segundo caso es el de la independencia de la India británica donde juegan dos bandos de carácter religioso: el hinduismo mayoritario se organiza en forma de partido nacionalista en 1885 mientras que dos décadas después, en 1906, se forma la Liga musulmana, que representa a un cuarto de la población pero cuya presencia se remonta siglos atrás. La pugna entre ambos bandos llevará a la partición del territorio indio en dos países en 1945 a pesar de los intentos británicos por fundar un solo Estado: Pakistán como Estado musulmán e India como estado hindú, que consigue la independencia de forma pacifica gracias a Ghandi. Aun así, al poco de conseguirse la independencia de ambos países, las regiones de su entorno se ven envueltas en los conflictos fronterizos que provocan las tensiones religiosas y los recelos entre ambos: Goa, colonia portuguesa incorporada a la fuerza por India y Sri Lanka, Birmania y Bangladesh, independizadas de Pakistán entre 1948 y 1971 con intervención militar india e injerencia de guerrillas comunistas desde China.

Por el otro extremo asiático, el Próximo Oriente aun bajo la órbita otomana contaban con un desarrollo político, histórico y social a la par que el europeo, así que su situación difiere un poco de los modelos africanos y del Oriente Medio. La descolonización intenta buscar la vuelta a los Estados históricos previos al dominio otomano (Siria, Irak…) pero la injerencia de las metrópolis britana y francesa en su intento por minar el poder turco complicarán una situación basada en acuerdos secretos, donde el más llamativo es el acuerdo Sykes-Picaud de 1916, donde Francia y Gran Bretaña se reparten zonas de influencia. El apoyo a determinados sectores del nacionalismo árabe en un primer lugar (muy influenciado por personajes como el mítico Lawrence de Arabia) y más adelante el juego de ajedrez en la zona entre la U.R.S.S. y los E.E.U.U. durante la Guerra Fría, llevará a la larga a las luchas entre Chiíes y Sunies que llegan a su periodo más trágico y brutal en las últimas décadas con el terrorismo de corte  radical religioso.

Por último es de vital importancia citar la Declaración Balfour (marzo de 1916-noviembre de 1917), donde la necesidad del apoyo de la comunidad judía al eje aliado, fuerza a Ingleterra a la promesa de la creación ex-novo de un Estado judío (Israel) en Palestina, de forma artificial, que llevará a toda la región palestina -y por extensión al tablero de ajedrez que es Próximo Oriente- a convertirse en una permanente zona de frontera con unas características peculiares y nada definidas ni en la actualidad ni en el futuro próximo.

Para reflexionar:

  1. ¿Existen colonias en nuestros días?, ¿ha cambiado el modelo colonizador?, ¿de qué forma?
  2. ¿Como afecta el proceso colonizador del siglo XIX a los problemas fronterizos actuales?
  3. ¿Qué otros conflictos de fronteras conoces fruto de los procesos colonizadores?
  4. ¿Existen problemas derivados de la colonización dentro del continente europeo?
  5. ¿Cómo influyó la Guerra fría en el antiguo mapa colonial africano y asiático?
  6. ¿Cómo valoras el paso de una sociedad tribal a una sociedad occidentalizada o europeizada en algo menos de un siglo?
  7. ¿Qué solución puede darse a los conflictos étnicos en el continente africano fruto de la partición del territorio mediante?, ¿existe solución?
  8. ¿Es la frontera una demarcación solida para definir un territorio o más bien estamos ante procesos políticos fruto de un contexto histórico determinado?
  9. Dentro del país del lector, ¿son sólidas las fronteras regionales?, ¿y las fronteras nacionales?, ¿qué conflictos fronterizos -internos o externos- existen?

Para saber más: