Descifrando epígrafes romanos IV: Religión y mundo sacerdotal

febrero 19, 2017 Escrito por: Tablilla De Cera - No hay comentarios

En esta cuarta entrega de epígrafes romanos donde tratamos de conocer diferentes aspectos de la vida en el mundo romano a través de los epígrafes que encontramos en tumbas, altares, columnas o cualquier otro soporte de escritura en superficie dura, vamos a entrar en el mundo religioso a través de diferentes aspectos, desde diferentes puntos de la religión romana hasta cultos provinciales indígenas o tipos de sacerdocio y fórmulas religiosas.

Ceciliano dedica unas estatuas al genio de Itálica.

M(arcus) Cassius Serg(ia) Caecili[anus] flamen perpetuus Divi Traiani flaminalis provin[ciae] Baeticae statuas quae sunt in ordinem positae n(umero) IIII ex argenti libris centenis ob honorem IIvir(atus) Genio coloniae splendidissimae Italicensis posuit
Marco Casio Ceciliano, de la tribu Sergia, sacerdote perpetuo del Divino Trajano, ex sacerdote de la provincia Bética, dedicó con motivo de su dunvirato al Genio de la colonia esplendidísima de Itálica las cuatro estatuas que están instaladas de acuerdo con el ritual por un valor de cien libras de plata.

Ficha del epígrafe (nº602)

De Hispania Epigraphica nº de registro 602

No hay lugar a dudas respecto a su ciudadanía romana puesto que aparece su tribu (Sergia) como ya vimos en la primera entrega de los epígrafes romanos. Además la vinculación de Ceciliano con el mundo religioso es exclusivamente romano a pesar de encontrarse en Itálica (actual Santiponce, al lado de Sevilla) y podrían darse cultos indígenas romanizados. Esto nos da una buena muestra del nivel alto de romanización de la provincia Bética.

Del epígrafe encontrado en la base de una estatua nos interesa destacar varios puntos.
En primer lugar su currículo religioso: Estamos ante un sacerdote del Divino Trajano, por tanto perteneciente al culto imperial instaurado por Augusto y que en época de Trajano ya está plenamente asentado, tengamos en cuenta también la enorme vinculación de Trajano con Itálica, su lugar de nacimiento. Este culto no debe de entenderse como la conversión en dios del princeps o de la familia imperial puesto que no se le rinde culto como dios en vida. Solo después de su muerte se convierte en divus, cuya traducción más apropiada es divino o deificado (ya tenemos una palabra para dios: deus) y cuyo significado es el hecho de que el princeps con su muerte adquiere propiedades divinas. Mientras vive se le rinde culto para velar por su salud (existen numerosas inscripciones “a la salud del princeps” o similar) o por sus victorias, así como se pide la protección del genio del princeps.
La alusión al genio nos permite remitirnos también al genio de la colonia que menciona el epígrafe. ¿Qué son los genios en el mundo romano? no llegan a ser divinidades pero se les rinde culto. Estamos ante fuerzas protectoras a modo de lo que entendemos por “espíritus” de una persona o de un grupo social, estos genios se crean en el momento del nacimiento de la persona o del grupo (desde un gremio profesional a una ciudad). En este caso Ceciliano manda erigir cuatro estatuas y las dedica al Genio de Itálica como forma de protección mágica de la colonia. En otros casos se habla del genio de Augusto o de cualquier princeps, lo que se busca es la protección de los romanos al asumir que si el princeps es ya de por sí pater patriae (padre de la patria), el genio del princeps no solo protege le protege a él sino también a la comunidad (los romanos) que hay bajo la protección del “padre”.

Por otro lado, Ceciliano también nos señala su cargo como flaminalis, esto es: alguien que ha sido nombrado flamen (traducido como “sacerdote” aunque con matices), de la Bética.  Este es un cargo sacerdotal antiguo (en el momento de la dedicación de la estatua es sacerdote del culto imperial y dunviro) pero de relevancia. No sabemos de qué deidad era sacerdote pero al ejercerlo para toda la provincia y pasar luego al culto imperial debemos suponer un puesto relevante, quizás sacerdote de Júpiter. Este sacerdotado suele aparecer referido como flamen dialis (“sacerdote del dios”, entendiendo con “dios” al principal del panteón romano, Júpiter Óptimo Máximo). Por último nos interesa destacar su cargo como dunviro de Itálica, máximo cargo político de una colonia, generalmente anual y ejercido por dos personas. No debe resultarnos extraño el cargo de dunviro (politico) con el de flamen Divi Traiani (religioso) ya que ambas carreras, tanto la sacerdotal como la política, eran perfectamente compatibles, no existe en Roma una casta sacerdotal oficial.

Floro y el culto imperial.

Pro salute Aug(usti) Veneri sacr(um) Cn(aeus) Octavius Florus IIIIII vir Aug(ustalis) municipio d(ono) d(at) d(edicat)  l(ocus) d(atus) ex d(ecreto) d(ecurionum)
Consagrado a Venus por la salud del Augusto. Gneo Octavio Floro, séviro augustal del municipio dianense, dedicó (este monumento) en el lugar donado por el decreto de los decuriones.

Ficha del epígrafe (nº9651)

De Hispania Epigraphica nº de registro 9651

Otro ejemplo del culto imperial -especialmente importante en las provincias- es este pedestal de Gneo Octavio Floro, sevir augustal. Es curioso observar como se abrevia la palabra sevir mediante el numeral 6 (IIIIII) y el morfema -vir, de igual forma que IIvir (duovir, traducido como dunviro) como hemos visto en otros ejemplos. Pero, ¿qué es un sevir? aunque se traduce como seviro, una palabra propia de este contexto en concreto, podemos entenderlo mejor si lo traducimos como siervo de Augusto. El sevirato forma parte del curriculum sacerdotal y está únicamente ligado al culto imperial: si en el texto aparece sevir, no hace falta que nos añada a continuación Augustalis (“de Augusto”), el protagonista es un sacerdote del culto augustal. Se hace mención a la salud de Augusto, lo cual nos sirve para ilustrar lo que comentábamos con el epígrafe de Ceciliano: en este caso no se habla del Divo Augusto como veíamos en el caso anterior respecto a Trajano, Augusto está vivo en el momento de esta inscripción luego aun no adquiere la categoría de divus pero sí se le honra mediante el culto institucionalizado velando por su salud o por su pronta recuperación ante las noticias de alguna enfermedad del princeps. La mención a Venus nos recuerda la estrecha relación de los Julio-Claudios con la diosa Venus, de la cual se consideran descendientes.

Por lo demás nos toca señalar algunas fórmulas habituales en los epígrafes: ex decreto decurionum hace mención a un decreto del senado local (los decuriones), en este caso donando un espacio público sobre el cual, Floro, dedica y/o dona –dono dat dedicat- una estatua como miembro del colegio sacerdotal de Augusto en la colonia Dianense (Denia; Alicante)

El pontificado de Persico

D(is) M(anibus) s(acrum) L(ucio) Antestio Persico Papirie Emeriten(si) ann(orum) XXXVII IIvirali pont(ifici) perpetuo Iulia Persilla et Antestius Avitianu(s) patri piissimo fecerunt h(ic) s(itus) e(st) s(it) t(ibi) t(erra) l(evis)
Traducción Consagrado a los dioses Manes. A Lucio Antestio Persico, de la tribu Papiria, emeritensi, de 37 años, duunviro y pontífice perpetuo. Julia Persilla y Antestio Autiano hicieron este monumento al piadosísimo padre. Aquí esta enterrado, que la tierra te sea leve.

Ficha del epígrafe (nº16756)

De Hispania Epigraphica nº de registro 16756

En el caso de Lucio Antestio Persico estamos ante un pontífice. Para la explicación tribu (Papiria) y por tanto su ciudadanía romana, así como la mención a su origo emeritense (Mérida), la dedicación por parte de sus hijos y las fórmulas funerarias H.S.E – S.T.T.L. nos remitimos a la primera entrega de los epígrafes romanos en La Tablilla de Cera.
El pontificado es uno de los cargos sacerdotales más antiguos, hunde sus raíces en el mundo etrusco y su etimología nos lleva a enlazarlo probablemente con el culto a los ríos dado que pontifex viene de “pons facere” y se traduciría como “constructor de puentes”. En religiones primitivas, de mayor carácter totémico en lugar de antropomórfico, el culto a fuerzas de la naturaleza como un río (el Tíber en este caso) implicaba la creación de tareas religiosas encaminadas a evitar el enfado de dichas fuerzas totémicas a la hora de solventar problemas logísticos: la creación de un puente sobre el río era entendido como poner un yugo al río, un acto de dominación por parte del ser humano que podía conllevar una ofensa seria a las divinidades del río. Por eso, el “constructor de puentes” o pontifex, debía aplicar los ritos necesarios y pertenecer necesariamente al sacerdotado. El cargo de Pontifex Maximus, el mayor cargo sacerdotal en Roma, lo asume el princeps con la llegada de Augusto (y pasará al cristianismo como el Pontífice), pero desde época monárquica existía todo un grupo de pontífices menores representantes de los cuatro cultos principales del Estado: rex sacrorum (otra herencia de época etrusca), los flamines mayores (sacerdotes de Júpiter, Quirino y Marte), el colegio de las Vestales y los flamines menores (resto de divinidades del panteón greco-romano típico como Ceres o Vulcano). En las provincias y a partir del Principado, los pontífices como Persico se ocupaban de los matrimonios por confarreatio y de todos los rituales públicos de las colonias o municipios: desde sacrificios por ocasiones especiales, rituales relativos a los juegos o todo el rito relativo a las festividades que implicaban a toda la comunidad.

Un último punto respecto al epígrafe del pontífice Persico nos llama la atención: Durante estas cuatro entregas sobre epígrafes romanos estamos hartos de leer la fórmula Dis Manibus Sacrum o D.M.S. (consagrado a los dioses Manes); ¿qué son los Manes? de nuevo estamos ante una especie de espíritu como los Genios, aunque su concepto nos resulta más complicado. Según Apuleyo los Manes son los espíritus de los difuntos cuyo destino tras su muerte se consideraba incierto frente a los Lares (los espíritus familiares que se habían comportado con rectitud en vida) o los Laruce o Lemures (espíritus maléficos), algo así como las almas del purgatorio cristiano. No obstante es más complicado ya que los romanos consagraban sus difuntos -jamás podemos decir “las almas de los difuntos” en religión romana, el alma es un concepto cristiano- a los Manes, luego debían tener características relativas al inframundo (entendido en su versión greco-romana, no necesariamente el infierno cristiano) y actuaban por tanto como “guías” para el muerto y necesariamente debían de ser contentados para evitar el mal camino.

La lápida funeraria de Persico nos ofrece además su retrato esculpido, algo que no estaba al alcance de cualquier bolsillo. Pérsico parece representarse con lo que se asemeja a una toga aunque no podemos asegurarlo, no obstante aparece con la cabeza descubierta y esto es importante porque señala que no está siendo representado como sacerdote sino posiblemente como dunviro. Por lo general, los sacerdotes romanos cubrían su cabeza con la toga a la hora de realizar cualquier ritual sacro y esto se transmite a la escultura como forma de mostrar al personaje como sacerdote. No es el caso, la familia de Persico consideró que era más importante mostrarle como ciudadano destacado antes que como sacerdote.

Marcia Celsa, un ejemplo de sacerdocio femenino.

Marciae C(aii) f(iliae) Celsae sacerdoti perpetuae domus d(ivinae)
A Marcia Celsa, hija de Cayo, sacerdotisa perpetua de la casa imperial.

Ficha del epígrafe (nº5)

De Hispania Epigraphica nº de registro 5

Pero el sacerdocio romano no era exclusivo de los hombres, si bien es cierto que tiene un mayor protagonismo y una mayor relevancia social. No obstante, ejemplos como el culto al fuego sagrado de Vesta mediante el colegio de las Vestales (exclusivamente femenino) o los ritos mistéricos de la Bona Dea nos dan cuenta de su importancia. El culto imperial instaurado por Augusto también se abre a las mujeres -debemos recordar que estamos hablando siempre de clases privilegiadas- como es el caso que nos presenta Marcia Celsa con la alusión a la Casa Divina, fórmula que alude a la Casa del princeps especialmente común durante época Julio-Claudia.

Pompeyo Plácido y el oto a un dios indígena:

Arconi Pompeius Placidus Meduceni cum v(otum) s(olvit) l(ibens) m(erito)
Pompeyo Plácido, de (la gens de los) Meducénicos, cumplió su voto de buen agrado al (dios) Arco.

Ficha del epígrafe (nº96)

De Hispania Epigraphica nº de registro 96

El culto a los antiguos dioses autóctonos no romanos siguió realizándose con relativa normalidad. La libertad de culto se permitía siempre que no llevase a enfrentamientos con el Estado romano como ocurrió con el Cristianismo primitivo o con la introducción del culto a Baco o a Isis. Mediante la fórmula del sincretismo religioso (algo que ya vimos en La Tablilla de Cera: Mitos prestados. La influencia mitológica entre culturas), las deidades autóctonas se asimilaban a las romanas (como el panteón griego) y algunas lograban penetrar en la sociedad romana hasta convertirse en relativamente habituales (el culto a Isis, por ejemplo).

De nuevo, el mundo funerario nos ofrece ejemplos claros y nos permite observar la variedad de deidades entorno al mediterráneo y como se mezclan o conviven con relativa facilidad. Aquí nos encontramos ante el voto de Pompeyo Plácido, que bien puede tener unos orígenes familiares como peregrinii por la mención de su gens peregrina, los meducénicos, tribu cuya situación geográfica no está clara más allá del centro peninsular; las hipótesis más claras los sitúan en Sigüenza (Guadalajara) o Saldaña de Ayllon (Segovia. Sin embargo su dua nómina romanizado y la datación de la inscripción en el siglo I d.C., nos hace pensar en un estatus jurídico de latii, quizás a raíz del edicto de latinidad de Vespasiano (a partir del 74 d.C.), que convertía a los peregrinii hispanos en ciudadanos latinos (ius latii), a un paso de la ciudadanía romana (véase la primera parte de los epígrafes romanos de La Tablilla de Cera). Lo interesante de la inscripción es el voto al dios Arco, una deidad de origen celta que no conocemos bien, aunque los filólogos lo enlazan con la raíz indoeuropea ork-s-os, que parece significar oso, ¿estamos ante los restos de un culto totémico primitivo ya en el siglo I d.C.?.

Por lo demás, votum solvit libens merito es una fórmula muy común en este tipo de inscripciones. Pompeyo Plácido indica al dios Arco que cumplió su penitencia (costear el altar en honor del dios) con gusto, una muestra de fe.

Otro ejemplo de culto indígena: Basso y el culto a Ataecina.

Bassus Turobri(gensis) eques al(a)e Vettonum aram posit Ataecinae votum solv(it) [l]iben[s] [merito]
Basso, Turobrigense, jinete del ala vetona, puso esta ara a Ataecina cumpliendo un voto.

Ficha del epígrafe (nº166)

De Hispania Epigraphica nº de registro 166

Otro ejemplo de lo mencionado en la inscripción anterior. Esta vez de la mano de Basso, un jinete vetón relativamente famoso ya que podemos rastrear su presencia y la del ala vettona de los Turobrigenses en Britania bajo las ordenes de Aulo Placido, legado de Claudio para la conquista de Britania (Vespasiano, el futuro princeps, estaba al mando de la legión II Augusta). En este caso Basso costea un altar en honor de Ataecina, divinidad muy popular en Lustinania y el oeste de la Bética, especialmente importante para los Turobrigenses (tribu de los vetones que parece situarse en el noroeste de Huelva) que citan a la diosa como Ataecina Turobrigensis. Esta divinidad se asimiló en la religión romana a Proserpina, divinidad de carácter infernal que se asociaba con el renacer (primavera, fertilidad…) y que debía de tener propiedades curativas pues también aparece como Ataecina servatrix (conservadora de salud). Sobre las funciones militares de Basso véase la segunda entrega de los epígrafes romanos (cargos públicos) de La Tablilla de Cera donde también lo tuvimos presente.

Para reflexionar:

Para esta cuarta entrega nos hemos centrado en el mundo religioso. Hemos visto en profundidad el culto imperial, aprendiendo a diferenciar entre el culto al dios y el culto al princeps deificado, hemos visto también que este culto a la familia imperial estaba abierto a las mujeres y que, durante la vida del princeps, se pedía por su salud y se le honraba, solo con su muerte adquiría propiedades divinas. También hemos visto la figura de los genios y los manes, así como algunas fórmulas religiosas típicas. Por último, también hemos conocido a los flamines y a los pontífices, otros tipos de sacerdocio y hemos observado un par de dedicaciones a dioses indígenas que convivían sin mayores problemas con los romanos en las provincias. La reflexión en este tipo de artículo siempre es la misma: ¿podríamos hacer el mismo ejercicio con epígrafes actuales?.


Para saber más:

Sobre epigrafía romana hay una extensa labor desde el siglo XIX para recopilar y catalogar de inscripciones. La más completa y antigua recopilación es el Corpus Inscriptionum Latinarum, conocido popularmente como CIL. Se puede consultar en cualquier biblioteca especializada. Desde hace algunos años también contamos con diferentes proyectos para crear bases de datos online, siendo E.A.G.L.E. (Electronic Archive of Greek and Latin Epigraphy) -Universidà di Roma “La Sapienza”-  el proyecto más importante ya que, a su vez, reúne las bases de datos más importantes sobre epigrafía griega y latina, entre ellas Hispania Epigraphyca -Universidad de Alcalá-, la web de referencia para la realización de este artículo. A destacar también la magnifica base de datos Epigraphic Database Heidelberg -Heildelberg Akademie der Wissenschaften- (incluida también en E.A.G.L.E.)