Identidades asesinas. Amin Maalouf

enero 18, 2017 Escrito por: Tablilla De Cera - No hay comentarios

FICHA BIBLIOGRÁFICA:
AUTOR: Maalouf; Amin
TÍTULO: Identidades asesinas
AÑO DE PUBLICACIÓN: 2005
EDITORIAL: Alianza Editorial
NÚMERO DE PÁGINAS:  176 págs.
ISBN: 9788420657226
GÉNERO: Ensayo
SINOPSIS: Identidades asesinas es una denuncia apasionada de la locura que incita a los hombres a matarse entre sí en el nombre de una etnia, lengua o religión. Una locura que recorre el mundo de hoy desde Líbano, tierra natal del autor, hasta Afganistán, desde Ruanda y Burundi hasta Yugoslavia, sin olvidar la Europa que navega entre la creación de una casa común y el resurgir de identidades locales en países como el Reino Unido, Bélgica o España. Desde su condición de hombre a caballo entre Oriente y Occidente, Maalouf intenta comprender por qué en la historia humana la afirmación de uno ha significado la negación del otro. Pero al mismo tiempo rechaza la aceptación resignada y fatalista de tal hecho. Su mensaje es que se puede ser fiel a los propios valores sin verse amenazado por los de los demás. Ejemplos históricos, filosóficos y religiosos ilustran su teoría. Cuando a Maalouf se le pregunta si se siente más libanés o más francés él responde que por igual. Y no lo hace por diplomacia: “Lo que me hace ser yo mismo y no otro -dice Maalouf- es que estoy a caballo entre dos países, entre dos o tres lenguas, entre varias tradiciones culturales. Ésa es mi identidad…”. Identidades asesinas es un canto al ciudadano frente a la tribu, una llamada a la tolerancia.

A pesar de estar ante un libro publicado en 1998 de apenas 176 páginas, Identidades asesinas aborda una serie de problemas sociales mucho más candentes ahora que cuando se publicó. Es por tanto un ensayo que, aparte de su fácil lectura, resulta tan indispensable que debería leerse y debatirse en las escuelas. Y es que Maalouf es uno de esos sabios tapados, de segunda fila, en un mundo lleno de gurús -de la economía, de las emociones, del “sabedotolismo”, del periodismo del morbo y de la “montaña de datos” frente al “razonamiento sensato”-, no obstante entre sus premios se cuenta un Príncipe de Asturias de las letras (2010) y es miembro de la Academia Francesa de la lengua, sucesor en ella de Lévi-Strauss (del que hablamos en La Tablilla de Cera en nuestro artículo Historiografía: ¿Cómo trabajan los historiadores?.).

Identidades asesinas aborda una de las cuestiones sociales más dolorosas para el ser humano: las emociones y sentimientos entorno a lo que somos como ente colectivo y a la comunidad o comunidades a la que pertenecemos, es decir a la identidad personal y colectiva. ¿Qué sentimos cuando atacan nuestros sentimientos patrios?, ¿cuales son las características que nos unen a unas personas y nos diferencian de otras en cuanto a un colectivo determinado?, ¿cómo influyen nuestras ideas religiosas, políticas o familiares en la construcción de nuestra identidad?, ¿hablamos de identidad o de identidades?.

Para todas estas cuestiones Amin Maalouf usa su propia vida y experiencia como ejemplo: De origen libanés e infancia pasada en Egipto para acabar emigrando a Francia tras la guerra civil del Líbano (1975). De familia católica ortodoxa en el mundo árabe, corresponsal de guerra y licenciado en sociología y economía. Bajo esta premisa, Maalouf no habla de una única identidad (por ejemplo: “soy español”, “soy musulmán” o “soy de izquierdas”) sino de varias identidades (se puede ser español sin ser cristiano, musulmán sin nacer en un país árabe o de izquierdas sin pertenecer al mundo obrero). Maalouf continua argumentando que todos tenemos múltiples identidades y que cada una de ellas nos une a un grupo de personas pero que el conjunto de nuestras identidades nos hace únicos. No existe una identidad aglutinadora de un conjunto claro de personas, nuestra identidad -la nuestra como persona no como grupo- es única por mucho que compartamos características con otros.

Maalouf es crítico acerca de los tópicos. Cuando alguien nos dice “soy árabe”, “soy catalán”, presuponemos su religión, sus costumbres y su ideología. Hasta le llegamos a atribuir los crímenes o los aciertos de otras personas que adscribimos dentro de su misma identidad. Maalouf reniega con sabiduría de aquellas características que se atribuyen a un conjunto de personas bajo la idea de identidad. En Identidades asesinas se nos plantea la identidad como algo que no depende de nuestro lugar de nacimiento sino que se forma por los condicionantes sociales (familia, escuela, grupos de amigos, barrio…) según vamos creciendo. Así, nuestra identidad depende de las enseñanzas que nos transmite en un primer momento la familia, de tal forma que si por ejemplo nuestros padres son de tradición cristiana a nosotros se nos asume esa misma identidad, pero de haber nacido en el seno de una familia judía, nuestra identidad sería completamente diferente. Según crecemos nos adscribimos a determinados grupos sociales (grupos de amigos, asociaciones…) que van conformando nuestra identidad como grupo. Se entiende que el grupo piensa igual y por ello se opone a grupos con una identidad diferente. Estamos pues ante el comienzo de la rivalidad, de la creación de un enemigo que se asume diferente, al que se le atribuyen ideas de opresión frente a las propias (que a nuestros ojos son mejores) y contra el cual están justificadas las acciones violentas de algún tipo (así, se justifican las limpiezas étnicas y las agresiones a grupos sociales diferentes a lo que se considera normal)

Tras las cuestiones más técnicas y su propio ejemplo de identidad diversa y única, Maalouf entra al análisis del choque de culturas y religiones al hablar sobre Occidente y Oriente. Primeramente bajo el problema de la inmigración y la adaptación de los migrantes en la identidad de acogida (¿hasta que punto deben abandonar su identidad?, ¿a partir de qué punto se les acepta en la identidad de acogida?). Después bajo el prisma de la evolución histórica hacia el mundo moderno (¿por qué se asocia Occidente con la modernidad?, ¿es justa la asociación de Oriente con la decadencia habida cuenta de que en épocas pasadas el mundo o la identidad cristiana era más oscura que la identidad árabe o musulmana?). Por último la religión ligada al fanatismo (no sólo al violento, el más visible) y también la importancia de los medios de comunicación en este proceso de creación de identidades opuestas y genéricas.

Identidades asesinas es prácticamente una lectura obligatoria en nuestros días. Nos sobran los motivos para poner en entredicho las cuestiones aparentemente más simples. Para evitar actuar conforme a los sentimientos y ser conscientes de nuestra propia identidad -única e individual- con base en el razonamiento y el pensamiento crítico.