Intercambio de favores. El sistema de clientela romano.

diciembre 1, 2018 Escrito por: Tablilla De Cera - No hay comentarios

Tenemos claro que el sistema institucional romano en época republicana y, con reservas, en época imperial, se basa en un sistema de elecciones regido por una legislación específica que marca como deben ser las candidaturas y los diferentes puestos a los que se accede. Igualmente sabemos que todo ciudadano romano varón y mayor de edad tenía derecho de voto. Es su día hablamos sobre el concepto de democracia y tratamos de explicar la amplitud del término analizando dos casos históricos de democracia, la isocracia de Atenas en el siglo V a.C. y la democracia ilustrada del siglo XVIII (La Tablilla de Cera: Ciudadano antiguo y ciudadano moderno. La isocracia ateniense frente a la democracia ilustrada). Partiendo de esta amplia idea, el sistema romano especialmente durante la república, es otro modelo democrático que sigue las características propias para el mundo antiguo que ya vimos en el análisis sobre la Atenas del siglo V a.C. No obstante, pese a conocer en detalle las diversas magistraturas, la dualidad de las mismas (dos cónsules, dos duoviros…) y los nombres y su pugna política en asambleas y senado, rara vez entramos en detalle en el análisis del papel de los votantes y su base ideológica para ejercer su derecho de voto. En este último artículo del año nos centraremos en la importancia del sistema clientelar romano, en algunos ejemplos de similitud y problemática con pueblos contemporáneos y en el momento de cambio de este sistema hacia el modelo feudal que nos lleva, en un largo espacio de tiempo, a enlazar con las nuevas democracias ilustradas que ya analizamos.

Viñetas satíricas de la España del siglo XIX sobre el fenómeno caciquil. Otro modelo de clientelismo.

El sistema clientelar no es exclusivo del mundo romano. El clientelismo se estudia en ciencia política como una relación de intercambio de favores entre patrón y cliente, donde el primero se convierte en protector y el segundo en protegido. Esta relación supone la ayuda directa del patrón en acciones concretas (dinero, seguridad, patrocinio, ascenso social…) mientras que el cliente se compromete a prestar apoyo socio-político para la trayectoria social del patrón (votos, dinero, apoyo social…). En esta relación más o menos extraoficial (dependiendo del momento histórico será una práctica mejor o peor aceptada para la sociedad y el sistema), el patrón está socialmente por encima de su cliente (aunque este tenga una mejor economía, por ejemplo) aunque según el tipo nos encontramos una relación basada en la confianza mutua o en una relación forzada casi de sometimiento. Si recordamos nuestro artículo pasado (La Tablilla de Cera: China, Roma y sus intermediarios. Rompiendo la idea de bloques independientes), durante el imperio Han hablamos de una masa de campesinos libres propietarios de pequeños lotes de tierra, que al sufrir periodos de malas cosechas, desastres naturales o guerras, eran incapaces de pagar impuestos y debían de ponerse bajo el paraguas de los grandes terratenientes que aseguraban su supervivencia a costa de una relación casi de esclavitud en algunos casos. Este fenómeno sería un modelo de clientelismo forzado donde ni patrón ni cliente confían en el opuesto.

Algunos teóricos de los modelos políticos modernos establecen una especie de clientelismo en los gobiernos basados en los servicios sociales, donde la administración pública se convierte en garante de un nivel de vida básico, mediante la concesión de diversas ayudas o de unos servicios mínimos de salud, educación y protección a cambio de diversos servicios basados en el pago de impuestos. Esto seria un caso de clientelismo moderado.

El sistema romano, que vamos a tratar en detalle, entra dentro del modelo de clientelismo ilusionario, donde se establece una relación de confianza mutua basada en la aceptación de unas normas morales no escritas que si bien pueden llegar a caer en saco roto, ya que no hay un contrato legal, un documento que establezca la obligación de cumplir el pacto, si esto sucede para la parte que incumple hay repercusiones sociales, puede convertirse en un paria social en el cual no se confía para futuras relaciones de favor.

El clientelismo en Roma es un fenómeno que se mueve entre lo oficial y lo extraoficial. En sentido estricto no tiene implicación socio-jurídica que implique al Estado, se trata de una relación privada entre cliens (cliente) y patronus (patrón), pero si que encontramos legislación al respecto que establece algunas medidas que implican a patronus y cliens, especialmente en materia jurídica donde se prohíben las actuaciones entre patrones y clientes en los tribunales, ya fuese para testificar a favor o en contra de su patrón/cliente, para demandarlo o para denunciar algún tipo de delito entre ambos. Además, la base de este clientelismo ilusionario es el mos maiorum, la norma base no escrita del sistema romano que establece los valores morales de todo ciudadano mediante las costumbres y tradiciones de los antepasados, especialmente para el caso: fides, dignitas, virtus y auctoritas, aunque hay más.
¿Quiénes pueden formar parte de esta relación clientelar? se establece siempre entre dos entes libres luego la relación entre un esclavo (servus) y su señor (dominus) no forma parte del sistema clientelar, aunque si el servus obtiene la manumisio (la libertad) convirtiéndose en liberto, pasa automáticamente a formar parte de la red clientelar de su antiguo dominus, que pasa a ser su patronus. En caso de ser una manumisio a consecuencia de la herencia del dominus fallecido, el liberto pasa a engrosar la red clientelar del heredero principal.
Observemos que no hablamos necesariamente de personas sino de entes ya que el clientelismo romano puede realizarse entre dos personas, entre comunidades o entre una persona y una comunidad o grupo social. Además, esta relación puede formarse entre grupos o personas de igual nivel social (un senador con otro senador) o de distinto nivel social (un plebeyo con un équite) y entre grupos o personas de distinto o igual nivel jurídico: un ciudadano romano con un latino, una comunidad de peregrini con un ciudadano romano (para ver estas definiciones jurídicas en detalle recomendamos uno de nuestros primeros artículos sobre epigrafía romana: La Tablilla de Cera: Descifrando epígrafes romanos I: Estatus socio-jurídico).

Adsecutio. Postales de colección de Liebig (1948)

En un primer momento se establecía que el patronus pagaba un pequeño lote de tierra a cambio de la fidelidad del cliens pero ya en periodo republicano y con una Roma consolidada como potencia en auge, la relación entre patronus y cliens se basaba en la ayuda mutua: Por parte del patrón podía tratarse de una ayuda económica hacia su cliente que había perdido por enfermedad a los bueyes con los que trabajaba la tierra o la promoción social de su protegido en un determinado ámbito cultural o social. Por parte del cliente se esperaba especialmente su ayuda de cara al cursus honorum de su patronus. La carrera política de los prohombres romanos implicaba poder demostrar valores del mos maiorum como la dignitas (el prestigio, el honor) mediante una demostración de poder social por medio de un séquito de clientes, a mayor número mayor prestigio del personaje. Estos clientes apoyaban con su voto en los comicios, hacían propaganda de su patrón para conseguir votos y apremiaban a sus propios clientes para que le votasen de tal forma que si un patronus contaba con un cliens destacado, podía conseguir un buen número de votos a través de un único cliente y su red propia de clientes. Como vemos no es tanto una relación de ricos patrones contra pobres clientes sino que se establecen redes clientelares a muchos niveles: un personaje destacado socialmente dentro de su comunidad podía estar arruinado pero si contaba con uno o dos clientes ricos pero sin poder social, la ayuda mutua podría ser muy provechosa: el primero conseguía financiación de los segundos para conseguir un cargo público, pongamos el puesto de Edil, y este, podría devolver el favor desde su posición política convirtiendo a sus clientes en los proveedores de fieras para los juegos del municipium que se organizaban desde el puesto de Edil.

Esta demostración de poder social mediante los clientes contaba con todo un ritual. Los clientes debían acudir con las primeras luces del día a la domus de su patrón para realizar la saludatio matutina, un rito social mediante el cual la red de clientes del patronus hacía cola en su casa para saludarle, cruzar unas palabras o comentar algún problema y recibir (en caso necesario) una pequeña suma de dinero. El patrón debía cumplir con la saludatio incluso aunque se alargase unas horas ya que no atender a sus clientes era una falta de respeto que se pagaba socialmente caro. Tras esto algunos clientes acompañaban a su patronus por las calles de su localidad (deductio), especialmente en periodo electoral y especialmente si el patrón iba al foro de la ciudad (adsectatio). Se trataba de una demostración de fuerza social: el patronus caminaba claramente visible entre un grupo de personas, su séquito, que le rodeaban y charlaban con él mientras atendía a las cuestiones que le llevaban al foro, el centro neurálgico de la ciudad romana: desde asistir a los juicios, a las reuniones del senado local, atender a comerciantes o simplemente dejarse ver. Un mayor número de seguidores y una mejor posición social de estos, incrementaban la dignitas y por tanto el poder social del personaje.

Un dato importante a tener en cuenta es el hecho de que los clientes podían heredarse. El caso más claro es el ejemplo de Octavio Augusto, primer princeps de Roma, el cual sabemos que fue el principal heredero de Julio César al convertirse en hijo adoptivo póstumo. Siempre se habla de la importancia de este testamento para Augusto, de hecho Marco Antonio, que esperaba esta herencia, trató por todos los medios de evitar que se cumpliese. La razón de la lucha por el testamento de César y su importancia no radica tanto en los bienes materiales, negocios y el poder económico (César es un ejemplo de personaje destacado pero con problemas financieros, no era uno de los más ricos de su tiempo) sino en la red de clientes de César, que posiblemente era la más extensa de su época y que movía a personajes tan importantes en el mundo de las finanzas como el clan de los Balbo, a comunidades extranjeras en Galia, Hispania o Bitinia, así mismo comunidades promocionadas al estatus latino o directamente romano, especialmente en Hispania e Italia. También a senadores y equites destacados y todo un extenso grupo de centuriones o viejos centuriones, algunos de ellos integrados en el senado. Este era el poder del testamento de César y esto es lo que hereda un joven Octavio, una inmensa red de clientes que se une a la modesta red que él empezaba a tener.

Hemos mencionado a comunidades enteras. El clientelismo romano permitía que un personaje promocionase a una comunidad entera a cambio de su favor como clientes. ¿A qué nos referimos? el sistema romano establecía una división entre ciudades peregrinas -sometidas a una mayor carga tributaria-, latinas -con mayores derechos sociales y menor carga tributaria-, y romanas -exentas de tributos directos y de mayor posición social- (volvemos a recomendar la lectura del artículo ya citado;  La Tablilla de Cera: Descifrando epígrafes romanos I: Estatus socio-jurídico), además se diferenciaba entre colonias (de mayor prestigio) y municipum (de menor prestigio) y luego un conglomerado de comunidades de peregrini que no tenían consideración de ciudad y que aparecen en textos epigráficos como “gens”, “castelum” u otros. El salto de una posición inferior a una superior se realizaba o mediante legislación estatal (podríamos señalar aquí todo el periodo de la guerra de los socii, ciudades de estatus latino que querían la ciudadanía romana mediante un intento fallido de legislación del tribuno romano Marco Livio Druso) o mediante promoción social de un personaje destacado que ejercía cargo político en esas regiones: Como forma de agradecer la ayuda prestada o como una acción para ganar la fidelidad de alguna comunidad propensa a ello, el gobernador (proconsul, propraetor, legatus…) podía otorgar el salto social (de peregrino a latino, de latino a romano) a toda una ciudad convirtiéndola en municipium (el método más extendido) o en colonia (de mayor prestigio).

Alusión a un municipium flavium (“M. F.” en la tercera línea) en una inscripción extremeña dedicada a Nerva por los decuriones del municipium.

Esto fue especialmente destacable en Hispania donde podemos mencionar varios patronos destacados a partir del siglo I a.C., cuando tras los cambios sociales tras la guerra de los socii, la extensión de ciudadanía y el patronazgo de comunidades se realiza cada vez más en masa. Los primeros patronos destacados serían la gens pompeia, con un primer momento de Pompeyo Estrabón que aparece mencionado en el Bronce de Ascoli concediendo la ciudadanía romana a una turma de caballería (30 jinetes) hispana, la turma salluitiana (zona zaragozana). Seguidamente Pompeyo Magno (hijo del anterior) durante su proconsulado en el año 76 a.C. combatiendo contra Sertorio, lleva a cabo una labor de reorganización del territorio patrocinando comunidades como Pompaelo y aumentando la red de clientela de los pompeyo por toda Hispania. Hacía el final del periodo, sus hijos Pompeyo Minor y Sexto Pompeyo se acuartelan en la península buscando el apoyo de su red clientelar durante la Guerra Civil y serán ellos los que promocionen a la ya por entonces vieja población cordubense al más alto grado de distinción jurídico-social, la de colonia romana bajo el título de Colonia Patricia Corduba. Este hecho explica el severo castigo de César tras la batalla de Munda y el posterior asedio y destrucción de Colonia Patricia: las élites cordubenses formaban parte de la red clientelar de la gens pompeia y cumpliendo con sus deberes de cliens, se negaron a abrir las puertas a las tropas cesarianas. Unas decenas de años después, entorno al 25 a.C., sería necesaria la aceptación de una deductio jurídica (un tratado de rendición) para refundar la maltrecha ciudad y devolver su estatus, aunque ya bajo el patrocinio de Augusto, que nos enlaza con el segundo momento de patronazgo romano en Hispania, con la promoción masiva durante los últimos años de César y el principado de Augusto, donde encontramos una extensa labor de reorganización del territorio que nos aparece ligada a los Julio-Claudios y que podemos constatar en los restos epigráficos por medio de inscripciones públicas, legislación en bronce y estelas funerarias con nombres de personajes que conservan el nomen de los Julio-Claudios. El último gran momento de promoción es el edicto de Latinidad de Vespasiano en el 74 d.C., otorgando a todas las comunidades de peregrini en Hispania el estatus de municipium latii, rasgos que igualmente encontramos en las inscripciones epigraficas haciendo alusión a la gens Flavia mediante la titulatura de municipium flavium, aunque en este caso la promoción social se hace mediante un edicto estatal representado en la figura del princeps Vespasiano, las relaciones clienterales van cambiando como veremos más adelante.

Bronce de Ascoli donde P. Estrabón concede la ciudadanía a la turma salluitiana.

Hemos hablado de la turma salluitiana promocionada por Pompeyo Estrabón. En el ámbito militar también encontramos relaciones clienterales, especialmente tras la profesionalización del ejército con las reformas de Cayo Mario, que tienen como perjuicio indirecto la dependencia de los soldados hacia su general y acaba provocando el fenómeno de caudillismo que conocemos bien para la crisis de la república (Sila, Mario, César, Pompeyo…). Por un lado tenemos un fenómeno complejo donde las relaciones de clientelaje son complejas y no entendemos bien hasta que punto los milites de las legiones eran cliens de su general, capaces de tomar decisiones similares a las de la Corduba pompeyana siguiendo a un líder al que deben éxito, botín y en algunos casos promoción social (César introduce centuriones primipilus en el Senado) por encima de los intereses abstractos de la Res Pública, del Estado. Por otro lado, las relaciones clientelares si están claras y definidas entre individuos, especialmente de la élite ecuestre o senatorial, que acaban interactuando en el ejército. El caso más claro es el de Tito Labieno, que forma parte del estado mayor cesariano durante las campañas galas siendo uno de los generales de confianza, pero que al estallar la Guerra Civil cambia de bando para ser uno de los generales destacados del bando optimate. Esta aparente traición -aparece así en algunos textos actuales más propios del relato épico que de una interpretación crítica- no es tal ya que Labieno era, a fin de cuentas, cliens de Pompeyo y como tal el mos maiorum le exige ponerse de su lado.

¿Qué ocurre cuando el sistema clientelar romano entra en contacto con sistemas de clientela indígenas? Como hemos dicho al comienzo, la clientela se extiende a lo largo de la Historia de múltiples formas, algunas de ellas contemporáneas como veremos brevemente. Enlazando con la aparente traición de Labieno tenemos el caso de un fenómeno mal conocido y pobremente interpretado hasta los textos de la historiografía más reciente: la devotio ibérica, un sistema de clientelaje del mundo íbero y celtíbero mediante el cual los clientes se ataban mediante juramento a un líder militar. Este sistema, cuando choca con el sistema romano, produce un resultado curioso que observamos en textos de los historiadores contemporáneos al periodo de conquista romana desde la II Guerra Púnica en adelante cuando hablan de lo inconstantes que son los iberos y celtíberos en el cumplimiento de los pactos, acusándoles de alguna que otra traición. Esta aparente traición también tiene explicación ya que la clientela ibera que conocemos como devotio estaba ligada mediante juramento sagrado hacia un personaje destacado en el mundo militar. Se juramentaban para proteger a un guerrero que destacase por sus dotes militares, en ocasiones incluyendo una especie de suicidio colectivo en batalla al tener la aparente obligación de no sobrevivir a su líder. Por otro lado, hemos dicho que el clientelismo romano es hereditario y que tiene relación directa con la tradición del Estado, no es una relación oficial pero está ligada a los dictámenes de los antepasados de Roma (mos maiorum). ¿Qué sucedía entonces cuando un grupo íbero se convertía en cliente de un patrón romano? no solía haber problemas de interpretación hasta que el patrón fallecía tras lo cual, si tomamos la versión romana los cliens pasaban al heredero principal, pero si tomamos la versión que estos cliens íberos o celtíberos conocían, las relaciones de clientelismo finalizaban con la muerte del líder y, en el mejor de los casos, debía renovarse con el heredero si es que este demostraba similares capacidades de liderazgo.

¿Cuando deja de ser importante para la sociedad romana la clientela y cómo cambia el modelo en el medievo?, ¿cómo se produce el paso? El cambio sucede a varios niveles y es complicado determinar cuando desaparece la clientela romana como tal. El primer cambio relevante sucede de forma indirecta a partir del principado de Augusto, algo que puede sonar contradictorio teniendo en cuenta la importancia que daba Augusto a la tradición encarnada en el mos maiorum pero debemos tener en cuenta que a partir de Augusto y con ejemplos como el de Vespasiano, los patrocinios se realizan en masa y las necesidades electorales de los prohombres al requerir el voto de su red clientelar ya no son tan determinantes: Los patrocinios de comunidades provinciales se realizan en nombre del princeps, independientemente del gobernador de turno que antes se ocupaba de estos asuntos mediante iniciativa y análisis propio y ahora lo hace en nombre de otro, especialmente para el caso de los legados de las provincias imperiales. En el caso de las elecciones, las instituciones empiezan a perder peso bajo el arbitraje del princeps y su circulo más cercano, el consulado y gran parte de los cargos destacados del cursus honorum depende en última instancia del favor del princeps no ya tanto de unas elecciones donde el voto y la movilización de los clientes es necesario. No obstante el sistema clientelar se mantiene vivo durante el principado, sigue siendo una necesidad tanto para clientes como para patronos, la necesidad de esta institución moral se va perdiendo progresivamente de forma casi imperceptible.

Argenteus de plata con la imagen de Diocleciano

Siguiendo esta línea, quizás el cambio social se hace patente con el cambio del principado al dominado. Aunque la divulgación de escasa calidad entiende que Augusto instaura un imperio que llega hasta la caída de Roma (veáse: La Tablilla de Cera: Imperium. Origen y evolución del término.), contamos con dos sistema de corte personalista, una primera fase conocida como Principado -el princeps es el “primero entre iguales” y una segunda que conocemos como Dominado, donde el princeps pasa a ser dominus (Señor), ampliando la nomenclatura que se establecía en la relación esclavo-amo para la sociedad libre. Este concepto para dirigirse al gobernante ya está presente incluso en Augusto y el resto de Julio-Claudios, que rechazaban el título, pero Domiciano es el primero en aceptarlo y en adelante estará esporádicamente en uso y desuso hasta la llegada de Diocleciano en el 284 d.C., que lo adopta como título oficial debido a lo extendido que estaba el concepto en esas fechas. Partiendo desde la cabeza del sistema romano y con una base de esclavos que ya venían usándolo desde siempre, el paso lógico es que su uso se extendiese entre las clases sociales intermedias a lo que hay que añadir la influencia germánica y de los pueblos de las estepas (que tenían otro modelo de clientela más parecido al íbero que al romano) y la adopción paulatina del cristianismo y la estructura eclesiástica, que también adopta dominus como tratamiento de respeto hacia sus ministros (obispos, etc…). Este hecho supone la desaparición paulatina de la relación de teórica igualdad y favor entre cliente y patrono: el cliens (cliente) pasa a ser servus (siervo) y el patronus (patrón) pasa a ser dominus (señor), algo que será la base del sistema feudal.

 

Para reflexionar:

  1. ¿Existen relaciones clientelares en la actualidad?, ¿de qué tipo y cómo se estructuran?
  2. Sería interesante la comparación entre el sistema clientelar de la mafia tradicional y la clientela romana. ¿Es comparable?, ¿existe una influencia del periodo romano?
  3. Si analizamos el siglo XIX español con el fenómeno caciquil encontraremos similitudes con el asunto clientelar. ¿este sistema es una relación clientelar?, ¿de qué tipo?
  4. ¿Qué otros tipos de relaciones clientelares contemporáneas al periodo romano podemos citar?, ¿qué ocurre en otras partes del mapa como el Próximo Oriente, el mundo germánico, el ámbito precolombino o el imperio Han en China?
  5. ¿Qué otros tipos de clientela histórica existen fuera del periodo romano?
  6. ¿Son las relaciones de vasallaje del medievo otro sistema clientelar?, ¿se encuadra dentro del modelo de clientelismo controlado por el Estado o siguen siendo relaciones particulares entre siervo y señor que acaban afectando a los Estados como el modelo romano?
  7. ¿Qué significó o que implicó el patronazgo de grandes grupos de población o en el ejército por parte de un único individuo?
  8. ¿Aseguraba la alianza clientelar entre una comunidad indígena y un patronus romano la fidelidad de la comunidad al Estado romano o era un efecto indirecto?

Para saber más: