Wilusa. La guerra de Troya en el final de la Edad del Bronce

enero 29, 2019 Escrito por: Tablilla De Cera - No hay comentarios

En mayor o menor medida todos conocemos el poema homérico relativo a la guerra de Troya y el relato del caballo. Más allá de eso es complicado para la sociedad definir el modelo social, político y estratégico del Mediterráneo oriental y del entorno del Egeo en el marco de esta guerra. Quizás incluso dudemos de su veracidad y casi seguro que nuestra percepción visual -vestimenta, arquitectura, modos de combate, sociedad…- se encuentra contaminada por relatos de películas, series o libros de ficción histórica. Este primer artículo del año queremos dedicarlo a un análisis de todos estos factores externos al relato homérico. Primero aclararemos si estamos ante un episodio histórico o ante un relato mítico característico del imaginario colectivo griego para terminar analizando algunos elementos característicos de la época en la que se enmarca el relato prestando atención a características de historia militar, a la geoestrategia internacional del momento que aparece en referencias antiguas y a los modos guerreros que debieron estar en uso en el periodo a tratar.

¿Dónde enmarcamos la Guerra de Troya? el relato homérico no se puede corroborar con exactitud pero si parece recoger una serie de episodios históricos que se deforman bajo el paraguas de la tradición y el relato oral de los pueblos griegos hasta quedar plasmados en la Iliada como un único relato que sirve para formar parte de la base histórica de los pueblos, donde se apoya el imaginario colectivo de las diferentes etnias griegas y que servirá para dar origen mítico a gran parte de la aristocracia greco-latina, así como a sus ciudades y orígenes. No es nuestra intención entrar en el eterno debate sobre si Homero fue un hombre real o imaginado pero si que debemos tener en consideración que pertenece al siglo VIII a.C., plena época de colonización griega por el mar Negro y el Mediterráneo, por lo tanto en una época dónde la formación de los orígenes míticos de los griegos es necesaria. Por contra, los hechos que narra la Iliada pertenecen al siglo XII a.C. según la propia datación de autores clásicos como Eratóstenes o Heródoto, por tanto nos está narrando unos hechos sucedidos 5 siglos antes de los que únicamente existe una tradición oral.

¿Existen fuentes contemporáneas a esta supuesta Guerra de Troya?, ¿nos aporta datos la arqueología?, la respuesta es sí a ambas cuestiones pero como hemos dicho es difícil corroborar un hecho histórico tal cual nos presenta la Iliada. En su lugar debemos situarnos en un siglo XII convulso en el mediterráneo oriental. Las fuentes nos sitúan a un lado del Egeo el imperio de Hatti, gobernando desde su centro de poder en Hattusa, en el centro de la península de Anatolia y al otro Micenas como potencia griega del momento, identificada en los textos hititas y próximo orientales (nuestra fuente literaria, escrita en tablillas de barro cocido) como Ahiwaya.

Reconstrucción de Micenas. las excavaciones arqueológicas apenas van más allá de la acrópolis.

Ahhiwaya/Micenas estaba situada en la argólide, no muy lejos del estrecho de Corinto y será el principal centro de poder de los griegos continentales a finales de la Edad del Bronce. Dio nombre al periodo Micécino, donde también encontramos centros de poder como Pilos o Tirinto y comparte protagonismo con el periodo final del minoico en la isla de Creta (Cnossos, Festos, Malia…). Estos centros de poder se caracterizan por grandes estructuras de carácter monumental (utilización de grandes piedras como las que jalonan la puerta de los leones en Micenas). Se trata de fortificaciones palaciales, practicamente inaccesibles en caso de guerra y desde donde gobiernan y administran el territorio circundante los reyezuelos del periodo.

Los hititas en el Bronce final son una de las grandes potencias del mediterráneo oriental. En los textos de El-Amarna que estudiamos en su día en La Tablilla de Cera: Las cartas de El-Amarna. Diplomacia en el Mediterráneo oriental en torno al siglo XV a.C., el rey de Hatti aparece como uno de los Grandes Reyes en igualdad con el de Egipto, el de Mitanni y el de Karduniahs (Babilonia). Hatti ocupaba todo el interior de la península de Anatolia pero contaba con toda una red de vasallos o reyezuelos clientes, extendiendo su dominio hacia la mitad de la costa Sirio Palestina (la mitad inferior bajo dominio egipcio una vez que Mitanni desaparece). La costa anatolia del Egeo estaba formada por una serie de reinos menores que se encontraban bajo el área de influencia del rey de Hatti, aunque los micénicos también tenían algún interés por la zona.

Mapa de Hatti y su área de influencia a comienzos del siglo XII a.C. (recomendamos ampliar imágen.)

Es en este contexto internacional donde debemos situar la Guerra de Troya, pero no adelantemos acontecimientos ya que no se trata de un enfrentamiento entre Micenas y Hatti. ¿Qué nos dice la arqueología? podríamos dedicar un artículo entero a la arqueología de Troya pero sería un artículo más entre los cientos que deben existir sobre Troya y Heinrich Schliemann, el arqueólogo alemán que descubre la Troya histórica y que ha permitido a los arqueólogos posteriores estudiar hasta diez fases de construcción diferenciadas, una encima de otra sobre la colina de Hisarlik, el enclave troyano. Las primeras fases constructivas pertenecen a los comienzos de la Edad del Bronce, hacia el siglo XXX a.C. y su abandono final ocurre en época bizantina, en el XIII d.C. aunque a nosotros solo nos interesan los niveles Troya VI en su fase final y Troya VIIA, que nos permiten contextualizar la narración de Homero en el amplio margen de los siglos XIII y XII a.C., la guerra de Troya o las guerras de Troya. En este punto conviene recordar que aunque Troya es el nombre más conocido, Ilión sería el más correcto ya que es el que aparece en los textos homéricos (Ilion/Iliada).

La narración que podemos deducir a partir de lo que nos muestran los textos y el análisis arqueológico de Troya VI y TroyaVIIA es el siguiente:
Troya se identifica en las fuentes hittitas con Wilusa (en los textos griegos Ilios/Wilios, con ciertas similitudes). No se conservan textos en Troya, apenas el sello de un escriba nombrando a su propietario en lengua luvita, pero en los archivos de Hatti si se conserva correspondencia entre Wilusa y los hittitas señalando que nuestra protagonista era un puesto avanzado, un punto estratégico en las rutas comerciales del Egeo y el mar Negro y por tanto bajo el área de influencia de Hatti y no del mundo micénico.

Wilusa pertenecía a una confederación de pequeños reinos o ciudades-estados llamada Assuwa, donde también encontramos otro lugar llamado Taruisia que recuerda a la demarcación geográfica, Tróade, donde está Troya. Algunos investigadores postulan la idea de que Wilusa/Taruisia se trate de la misma ciudad (Troya) o que, dada su cercanía, llegasen a compartir regente tal cual ocurría al otro lado del Egeo (el mítico Agamenón era rey de Micenas y de Argos). Sea como fuere lo que si sabemos es que pese a tener constancia de tropas de Assuwa sirviendo bajo el estandarte hitita en Kadesh, Assuwa practicaba la misma política de acercamiento-alejamiento respecto al poder de Hatti que el resto de pequeños reinos de la costa de Asia menor, hecho que Ahhiwaya/Micenas aprovechaba para sus intereses en la región. En torno al 1320 a.C., los hititas entraron en Milawanda/Mileto a sangre y fuego, un reino teóricamente leal al poder hitita pero que en un momento dado se había acercado demasiado a los micénicos.

En este contexto, toda la costa de Asia Menor era un conglomerado de pequeños reinos que pugnaban entre si y que acercaban o alejaban posiciones respecto a hititas y micénicos según intereses y alianzas. No debemos entender el conflicto troyano como una guerra por intereses estratégicos y comerciales entre Micenas y Hatti sino a un nivel inferior, entre pequeños reinos bajo la influencia de unos y de otros. En los archivos de Hatti hay una carta al rey de Ahhiwaya/Micenas sobre el 1250 a.C. presentando una queja formal respecto a un tal Piyamaradu, un renegado hittita que se habría buscado la protección de los micénicos y se encontraba atacando algunas posiciones afines a Hatti, como Troya/Wilusa, en Asia menor. En este conflicto, las tablillas hittitas también mencionan a un rey de Wilusa llamado Alaksandu, que recuerda al Alexandros de la Iliada (mejor conocido como Paris) enfrentado con el rey de Ahhiya, llamado Attarsiya, cuya posible traducción al griego por los filólogos lo identifica con Atreo (nombre que tenía el padre de Agamenón en la Iliada). No existe un acuerdo claro sobre donde estaba el reino de Ahhiya pero algunos especialistas enlazan con las menciones en textos anatolios de Achaia/Achaiwia (Acaya) o al Ahhiwaya que ya hemos mencionado como Micenas, lo que nos conduciría a los aqueos del texto homérico. La Iliada nos habla de un asedio de 10 años, algo a todas luces imposible, pero que si podía ser explicado en el contexto que acabamos de mencionar: una guerra intermitente entre reinos y caudillos que duraría al menos un par de décadas, con tratados de paz y vuelta a la hostilidades.

¿Es sin embargo esta la famosa guerra troyana? pues lo cierto es que el registro arqueológico de Troya VI contemporáneo al conflicto que acabamos de mencionar no nos indica ningún descenso paulatino del nivel de vida. No hay restos en esta fase de conflicto o asedio, de hecho las señales del comercio que nos aportan los restos cerámicos (cerámica micénica, que no era la propia de la costa anatolia) y las fuentes escritas señalando el comercio de equinos troyanos (hippodamoi, “domadores de caballos”, es el nombre que les da Homero) no sufren variaciones hasta las nueva fase constructiva de la ciudad que los arqueólogos denominan Troya VIIA.

Los diferentes niveles de la acrópolis de Troya/Wilusa. En rojo Troya VI.

Si es cierto que el final de TroyaVI viene dado por el derribo de un amplio lienzo de muralla, así como el derrumbe de algunas casas de la acrópolis aristocrática (la ciudad baja, donde se concentraría la mayoría de la población, en la ladera del Hisarlik, ha sido escasamente excavada). Este derrumbe de la muralla no se debe a ningún asedio, el lienzo cae hacia afuera en lugar de hacia el interior o en desplome hacia abajo, como sería lo propio ante un ataque de asedio. Al derrumbamiento de buena parte de Troya VI, le sucede ya en Troya VIIA cuando se aprecia un nuevo trazado, el abandono de parte de la ciudad alta (acrópolis), el cese del comercio que se observa por la escasa cantidad de cerámica importada respecto a la fase anterior. Además los restos arqueológicos nos señalan la preocupación por almacenar: aparecen bajo el suelo de las casas cerámica de gran almacenaje (phitoi) para guardar y conservar alimentos cuando en fases anteriores no existía. Hay por tanto una necesidad de la población de hacer acopio de alimentos y tener algunas reservas. Todo esto nos habla de un posible terremoto, corroborado porque en esta misma época (siempre hablamos sobre el 1250 a.C.), encontramos el mismo problema por toda la zona (Ahhiwaya/Micenas también lo sufre).

El contexto internacional de estos años, donde hay varias poblaciones que sufren destrozos de carácter natural nos lleva a la hipótesis de los ciclos climáticos o Ciclos de Bond, una serie de cambios en el clima que se suceden cada 1.500 años aproximadamente y cuyo rastro nos deja, según los especialistas, un recuento de 8 cambios durante todo el Holoceno. No obstante, esta hipótesis por si sola no nos sirve.

Reconstrucción de la ciudad de la Troya homérica sobre la colina de Hisarlik. Las excavaciones apenas van más allá de la acrópolis.

Con Troya VIIA en esta situación una vez finalizado lo que parece ser su periodo de mayor auge (Troya VI), en los documentos egipcios de El-Amarna o el registro epígráfico en las construcciones de Ramses II, se nos habla de los “pueblos del mar”, una serie de pueblos invasores que asolan todo el Egeo, Próximo Oriente y Egipto en estos años: los shekelesh o shardana que acabaron asentándose en Cerdeña (nos queda su rastro como gentilicio: los sardos), los peleset, relacionados con los filisteos bíblicos, los tjeker y los ekwesh probablemente originarios del mundo micénico, los denyen que serían igualmente griegos dada la similitud con el nombre por el que también se conocía a los aqueos: danaos, los lukka desde la costa sur de anatolia, el grupo de los neohititas, una serie de pueblos de la costa norte anatolia que acaban desplazando el poder de Hatti, y otros pueblos venidos desde Libia o desde el Sinaí.

Aun existe mucho debate sobre estos pueblos del mar pero todo parece indicar que se trata de grandes grupos migrantes que se desplazan de sus lugares de origen debido a un periodo de hambruna (enlazando con las tesis de los Ciclos de Bon y la preocupación por el almacenaje de alimentos en Troya VIIA) y de conflicto social por medio de enfrentamientos y escaramuzas entre reinos -el conflicto de Wilusa con Ahhiya, la aparición de capitanes mercenarios como Piyamaradu o las rebeliones de Milawanda/Mileto- que a su vez provocarían una mayor inestabilidad del sistema imperante en estos tiempos.

El final de Troya VIIA coincide aproximadamente con la fecha de Eratóstenes para la guerra troyana 1184 a.C.. Por entonces es una ciudad más empobrecida que su antecesora algo más de medio siglo después, acostumbrada al acopio de alimentos mediante cerámica de tipo philoi, con un trazado urbano más abigarrado en la ladera de Hisarlik y con una ciudad alta que ya no conserva la monumentalidad que debió de tener en Troya VI. Es justo en estas fechas cuando datamos un gran incendio y la presencia de al menos un cadáver en posición de huida, lo cual sí nos puede indicar una causa humana y violenta para tal destrucción.

Como hemos dicho al comienzo, la guerra de Troya parece recoger una tradición oral de varias décadas. Una serie de conflictos en los que quizás no debamos buscar un elemento o causa común sino una serie de guerras y desastres que fueron recogidas y resumidas por los rapsodas en un único relato. Hablamos de un espacio de tiempo de unos 80 años, con guerras intermitentes entre reyezuelos dependientes de los hititas y de los micécinos al comienzo, una catástrofe natural que afecta en mayor o menor medida a los pueblos del Egeo y provoca crisis migratoria en el Próximo Oriente y finalmente algún tipo de conflicto que acaba con Troya VIIA (y la sume en una decadencia y una posición marginal hasta su desaparición muchos siglos después en periodo Bizantino) y que bien podría estar provocado por alguna de las grandes bandas armadas o grupos poblacionales que asolan esta parte del Mediterráneo y que los egipcios llamaron “pueblos del mar”. Siendo así y teniendo en cuenta que en los textos egipcios aparecen antiguos pueblos de origen minoico (Creta) o micénicos (Grecia continental) entre estos “pueblos del mar”, si parece plausible que fuesen los griegos los destructores de Troya VIIA, aunque lejos de la presencia de grandes reyes como el Agamenón homérico cuya patria -Micenas- también es asaltada y destruida en estas fechas por estos grupos armados, se trataría de grandes capitanes mercenarios, caudillos de grandes grupos de población en busca de alimento, tierras y un lugar donde establecerse. Este relato de casi un siglo de duración sería el que recogen los rapsodas en su tradición oral y que aglutina Homero en el VIII a.C. en un único relato sobre una guerra Troyana entre aqueos/griegos y los troyanos de la Wilusa hittita.

Una vez visto el contexto y las evidencias históricas en torno al relato homérico, no queremos terminar el artículo sin darle un vistazo a la apariencia guerrera que tendrían los protagonistas de estos conflictos, cuya aparición en películas y series dista de lo históricamente correcto.

Crátera de los guerreros. Siglo XII a.C. Micenas.

Como hemos dicho, los troyanos de Wilusa reciben el apodo de hippodamoi como criadores de caballos que debían de ser especialmente buenos. El uso del caballo en los ejércitos del Bronce tardío está comprobado pero su uso táctico no queda claro y, en el mejor de los casos, no tendría nada que ver con las cargas de caballería que asociamos con el uso del caballo en batalla. Estos caballos tenían una alzada inferior a los actuales, pareciéndose más bien a razas de tipo percherón, como los asturcones, los przelwalski mongoles o los akhal teké del turquemistán, de los cuales ya hablamos en su día en: La Tablilla de Cera: El caballo en la antigüedad: un símbolo de clase social. Son caballos más anchos que los actuales, con una alzada de entre 1’30 y 1’50 metros. Su uso correspondería fundamentalmente al transporte de guerreros y al movimiento táctico de los mismos sobre el campo de batalla, quizás labores de hostigamiento. El protagonismo del carro de guerra está claro pero cumpliría la misma función además de servir como plataforma móvil para proyectiles.

Panoplia del periodo micénico. Giuseppe Rava.

Los guerreros del Bronce tardío usaban gran variedad de armas ofensivas (mazas, varios tipos de espadas, hachas, arcos…) pero el arma principal es la lanza, que en este periodo final se acorta a menos de 3 metros para ser manejada con mayor facilidad. Como arma defensiva contaban con escudos de torre que se alejan completamente de la idea que nos transmiten en películas. Adoptan varias formas pero los más populares son los llamados “escudos de ocho”, grandes escudos formados por varias capas de cuero bovino reforzadas con bronce en algunos puntos y una peculiar forma de 8 que cubría todo el cuerpo y que a la vez permitía cierta ligereza pese al tamaño. Con la disminución del tamaño de la lanza también aparecen escudos de cuero pero circulares y más pequeños, con un recorte en la parte superior para un mejor manejo de la lanza. Ambos tamaños conviven en este periodo.

Existen dos modelos de armadura para el Bronce tardío, aunque en ambos casos solo para para guerreros de élite: un tipo de armadura de escamas aparecerá hacia el final del periodo pero será más común el uso de voluminosas corazas de bronce de unos 18 kg de peso que al montarse por partes permitía cierta flexibilidad. Por último, el casco típico del Bronce final es sin duda el fabricado con un interior de fieltro grueso y colmillos de jabalí cosidos en el exterior aunque existen algunos ejemplares en bronce y en cuero endurecido con cuernos y penacho.

 

Para reflexionar:

  1. ¿Qué idea general tenemos sobre la idea de Troya?
  2. ¿Consideramos que Aquiles, Agamenón, Ulises, Hector y la larga lista de protagonistas del relato homérico tienen base histórica?
  3. Si no tienen base histórica… ¿qué función tienen estos personajes para el mundo greco-romano?
  4. ¿Qué personajes históricos greco-latinos enlazan su origen con los héroes troyanos?, ¿existe algún personaje histórico a partir de la Edad Media que también pretenda vincularse con los héroes troyanos?
  5. ¿Qué imagen nos transmiten las películas sobre la guerra troyana (contexto y apariencia)?, ¿se acerca o se aleja del registro arqueológico y textual que acabamos de ver?
  6. Al hablar sobre la guerra de Troya… ¿somos capaces de darle el contexto apropiado en el marco del Bronce tardío y del contexto internacional con Micenas y Hatti como principales implicados?
  7. ¿Conocíamos la importancia de los pueblos del mar y los desastres naturales para la guerra de Troya?
  8. ¿Qué sabemos sobre la figura de Heinrich Schliemann y los diferentes niveles arqueológicos de Troya?

 

Para saber más: